Un diseñador tiene algo de artista, tiene la necesidad de expresar algo y por ende tiene un cierto punto de inconformidad con la manera en que se ven, se resuelven y se hacen las cosas.
Esta necesidad conecta directamente con la necesidad de ser visto, reconocido o aplaudido. Es prácticamente el mismo impulso que hace que un actor se suba a un escenario.
Un perfil de diseñador hace cosas sin que se las pidan, por ejemplo; pintan el cuarto, hacen una silla, inventan un juego… siempre están enfocados en el proponer y ver qué pasaría si... Un diseñador es una persona que busca la libertad y esto es porque al ser libre, es creativo.
Un diseñador se mueve por algo que va mas allá del estímulo económico, a un diseñador lo mueve el logro, la ayuda y la aportación de algo que en un momento para él podría ser considerado como trascendente.
Para ser diseñador se tiene entonces, sobre todo, que ser creativo. Pero ser creativo no es cuestión de “tener el don”, de “encontrar la iluminación divina” o “de esperar la musa”. Ser creativo es no tener miedo de explorar las posibilidades derivadas de las metodologías que permiten detonar ideas.
La creatividad en el diseño es un músculo que se forma con la aplicación de metodologías y son estas mismas las que dan sentido a las ideas que se generan.